Actualización de la Escuela Dominical: Abril 2020

Press Release

The following article was submitted by Bettie Marlowe, General Sunday School Coordinator for The Church of God.

Hasta que la tormenta pase, hasta que el trueno ya no suene Hasta que las nubes salen para siempre del cielo Abrázame, déjame estar en el hueco de tu mano Manténgame Seguro hasta que la tormenta pase

Mosie Lister, 1953

Estamos en medio de una tormenta. La confusión, las soluciones, las preguntas, el trueno de la angustia, provienen de todas las direcciones. Se echa la culpa indiscriminadamente a los líderes, cristianos, pecadores y culturas.

La gente pregunta: «¿Por qué Dios permite esto?» Pero la pregunta no se plantea a otras supuestas deidades: «¿Por qué Buda permite esto?»; «¿Por qué Allah permite esto?»; Por que …»

Jesús dijo en Lucas 13:4, “O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?”

Debemos recordar que este no es un mundo perfecto. Dios lo creó perfecto, pero el pecado lo estropeó. Del pecado vinieron pestilencias, problemas, enfermedades y muerte. Y todas las criaturas vivientes sufren los resultados. Sin embargo, el hijo de Dios puede tomar consuelo y fortaleza a través de la fe en nuestro Señor. Tenemos las promesas de Cristo de que «la tormenta nos pasará» y lo que está destinado a la destrucción nos acercará a su venida.

No es nuestra prerrogativa echar la culpa: Dios gobierna. La pregunta es: ¿Qué estamos haciendo en esta crisis para darle gloria a Dios? ¿Nos estamos concentrando en nuestro propio dilema y olvidando a los perdidos que enfrentan la muerte? Tenemos la oportunidad de salir de las paredes de nuestras iglesias y mostrar ese amor por el segundo mandamiento dado por Cristo—»Amarás á tu prójimo como á ti mismo.”

En el sureste de los Estados Unidos, en medio de la cuarentena, experimentamos los estragos de los tornados. Uno llegó a través de Chattanooga y Cleveland. Se perdieron vidas y se destruyeron propiedades. Dónde yo vivo, tuvimos inundaciones. Vi al hermano Rick Razsi poner ese amor en acción mientras caminaba por el agua para llevar el auto de su vecino a un terreno más alto, y luego ayudó a una madre y a su pequeña hija a salir de su casa inundada cuando el agua subió a las alturas que los habrían atrapado minutos luego.

La Iglesia debe estar lista para ministrar cuando lleguen las tormentas, sean lo que sean. Dios no nos salvó solo para ir al cielo. Su trabajo no se detiene. Nos da gracia y fuerza para continuar. No podemos perder el tiempo entrando en la controversia mundial sobre quién, dónde y por qué. Nuestro trabajo no es político, no es partidista, no es de la sabiduría del mundo o del conocimiento intelectual, sino de comprender los Caminos de Dios y confiar en Él siempre.